“La EBAU no mide cuánto has leído. Mide qué eres capaz de escribir en el formato que corrige el examinador.”
Queda temario de dos cursos, la nota decide la carrera a la que entras, y todo el mundo a tu alrededor parece haber empezado antes que tú. Y casi siempre acabas abriendo el libro por el tema uno, porque al menos eso parece hacer algo.
Es el peor sitio por donde empezar, y la EBAU te ofrece uno mucho mejor.
Es previsible, y esa es tu ventaja
Es un examen con un formato fijo. La estructura se repite, los tipos de pregunta se repiten, y tienes los exámenes de convocatorias anteriores disponibles ahora mismo y gratis.
O sea que ya sabes más o menos cómo va a ser el examen que te van a poner. Casi nadie usa esto. La mayoría estudia el temario como si fuera un libro que hay que terminar en vez de un examen que hay que aprobar.
Así que antes de leerte una sola página de apuntes, siéntate con un examen del año pasado y hazlo en serio. No para sacar buena nota, no la vas a sacar. Para ver qué te pide de verdad y dónde te caes.
Es incómodo y te ocupa una tarde. Te ahorra semanas leyendo cosas que ya sabías.
Estudia hacia atrás desde el examen
Lo normal es: estudio el tema y luego me examino. Para la EBAU funciona mejor al revés.
Coge los exámenes de los últimos años y apunta qué se repite. No las preguntas exactas, los tipos. Verás que ciertos bloques salen prácticamente siempre, que hay preguntas que se repiten con otra redacción, y que temas a los que dedicaste semanas casi no puntúan.
Esa lista es tu plan de estudio. No el índice del libro.
No se trata de adivinar el examen. Se trata de que un examen finito solo puede preguntar un número finito de cosas, y acabas de ver la lista.
Las dos fases son dos trabajos distintos
Conviene separarlas mentalmente, porque piden cosas diferentes.
La parte obligatoria hay que asegurarla. Ahí lo que más rinde es hacer exámenes completos con el tiempo medido y cazar tus propios fallos tontos, esos que sabes hacer y pierdes igual.
La parte voluntaria es donde subes nota, así que ahí sí compensa meterse en lo difícil: las preguntas que no te salen a la primera. Es tentador repetir lo que ya te sale porque sienta bien. Esa es exactamente la parte de estudiar que no cambia nada.
Si tienes el tiempo justo, y lo tienes, reparte a propósito. Lo obligatorio tiene que estar seguro y lo voluntario es donde de verdad ganas puntos.
Los criterios de corrección valen más de lo que parece
Esto se lo salta casi todo el mundo y encima es gratis.
Junto a los exámenes suelen publicarse los criterios de corrección. Ahí se ve por qué se dan los puntos exactamente. Muy a menudo descubres que un punto va por algo que dabas por obvio y no escribiste, o por mostrar el procedimiento y no solo el resultado.
Haz una pregunta y luego corrígetela tú con esos criterios. Vas a notar la diferencia entre "sé cómo se hace" y "lo he escrito de forma que se me pueda puntuar". En la EBAU solo cuenta lo segundo.
Una semana que sí funciona
Cuatro cosas, en este orden, y no hace falta más de hora y media al día durante varios meses.
Una pregunta de lo que no te sale. No un examen entero. Una pregunta del tipo que se te atraganta.
Cierra todo y reprodúcelo de memoria. La definición, el desarrollo, el esquema del comentario, lo que sea. En papel, de cabeza. Esta es la parte que de verdad enseña, y la que todo el mundo se salta porque es incómoda.
Corrige con los criterios, no con tu sensación.
Apunta lo que has fallado. Una lista única, que llevas todo el curso. Esa lista es lo que tienes que estudiar. Lo demás es leer.
Cada dos semanas, un examen completo cronometrado. No más, porque se come el tiempo, y no menos, porque escribir a la velocidad del examen es otra habilidad y hay que entrenarla.
El último mes
Deja de aprender cosas nuevas unas dos semanas antes. En serio. Un tema abierto por primera vez en mayo suele ser un recuerdo vago, no puntos.
Vuelve a tu lista de fallos. Va a ser más corta de lo que temes. Es lo único que merece la pena repasar al final, porque es lo único que se te sigue escapando.
Y duerme normal durante los días de examen. Un cerebro cansado saca las cosas mal de la memoria, y sacarlas es el examen entero.
En corto
No empieces por la página uno. Empieza por un examen de otro año, apunta lo que se repite, y estudia eso.
Haz preguntas, cierra el libro, escríbelas de memoria, corrígete con los criterios y lleva una lista de lo que fallas. Esa lista es tu estudio. El resto es leer, y solo parece trabajo.