“Una tarjeta que se puede responder solo reconociendo la forma de la pregunta no está poniendo a prueba tu memoria, está poniendo a prueba tu memoria de la tarjeta.”
Una vez hice un mazo con una tarjeta que decía "¿Qué es la fotosíntesis?" en el frente y un párrafo entero detrás. La repasé cuarenta veces en tres semanas. Seguía sin poder explicar la fotosíntesis.
El problema no era que no la repasara lo suficiente. Era que la tarjeta estaba mal hecha, y repasar una tarjeta mala no arregla lo que tiene de malo, por muchas veces que lo hagas.
La regla central: un dato por tarjeta
La tarjeta de la fotosíntesis intentaba enseñar todo un proceso de golpe. Lo que significaba que cada vez que la veía, recordaba la primera frase, sentía que ya me la sabía, y nunca me daba cuenta de que había olvidado todo lo que venía después de "dióxido de carbono y agua".
Divídela. Cuáles son las entradas. Cuáles son las salidas. Dónde ocurre dentro de la célula. Qué papel cumple la clorofila. Cuatro tarjetas pequeñas superan a una grande siempre, porque cada una te da una respuesta clara y concreta con la que comparar la tuya, en vez de un párrafo que puedes recordar a medias y darte por satisfecho.
Si te cuesta escribir una respuesta corta para una tarjeta, eso no es un problema de redacción. Es una señal de que la tarjeta en realidad son dos o tres datos disfrazados de uno.
Escribe la pregunta de forma que solo tenga una respuesta
"¿Qué hizo el Tratado de Versalles?" tiene unas seis respuestas correctas según qué parte tengas en mente ese día. La contestarás de forma distinta cada vez sin darte cuenta de que no estás siendo consistente, lo que significa que en realidad no te está poniendo a prueba.
"¿En qué año se firmó el Tratado de Versalles?" tiene una sola respuesta. Igual que "Nombra una de las condiciones del tratado relacionadas con el tamaño del ejército alemán." Las preguntas concretas producen respuestas concretas y comprobables. Las preguntas vagas producen respuestas vagas que se sienten correctas porque no hay ninguna versión incorrecta con la que compararlas.
Elimina las palabras que se reconocen solas
Esta es la que atrapa a casi todo el mundo. Si tu tarjeta dice "¿Qué es la mitosis?" no necesitas recordar el concepto, solo necesitas reconocer la palabra "mitosis" y dejar que dispare lo que sea que tengas vagamente asociado a ella en la cabeza. Eso no es la misma habilidad que responder a "cómo se divide una célula para producir dos células hijas idénticas" sin que aparezca el término técnico, que sí exige saber qué hace la mitosis en vez de solo cómo se llama.
Cuando puedas, formula la pregunta alrededor del concepto en vez de nombrarlo. Reserva las tarjetas de vocabulario para cuando de verdad estés aprendiendo vocabulario.
Haz que el reverso sea lo bastante corto para comparar de verdad
Si el reverso de una tarjeta tiene cuatro frases, nunca vas a comparar tu respuesta con ella de forma honesta. La leerás por encima, sentirás que tu respuesta iba "más o menos" bien, y pasarás a la siguiente. Una respuesta corta y concreta es una a la que de verdad te puedes exigir estar a la altura.
Si un concepto de verdad necesita una respuesta larga, normalmente es señal de que pertenece a la práctica de recuperación activa y no a una tarjeta. Explicar algo en voz alta maneja los matices y las ideas conectadas mucho mejor de lo que una tarjeta podrá jamás. Las tarjetas son para datos que necesitas poder recordar rápido y de forma fiable. Guarda las explicaciones a fondo para un formato pensado para comprobar la profundidad, no solo la recuperación.
Practica en el sentido en que realmente te van a preguntar
Muchos mazos solo practican en un sentido. El término en el frente, la definición detrás, siempre igual. Lo que significa que te vuelves muy bueno en "dado el término, produce la definición" y no mejoras nada en "dada la definición o la situación, produce el término," que a menudo se parece más a cómo están formuladas de verdad las preguntas de examen.
Si un dato es lo bastante importante como para merecer una tarjeta, normalmente merece la pena hacerla en los dos sentidos. Eso más o menos duplica el tamaño de tu mazo para un dato que de verdad importa, y es un seguro barato contra una pregunta de examen que aborde el mismo conocimiento desde el ángulo que no practicaste.
Dónde está el verdadero cuello de botella
Nada de esto es complicado una vez que lo sabes. El cuello de botella es el tiempo. Hacer una buena tarjeta, bien dividida, redactada con precisión, con una respuesta comprobable, lleva unos minutos. Un temario real de apuntes necesita ochenta de ellas, y eso antes de haber repasado ni una.
Ese es el hueco que nuestro generador de tarjetas está pensado para cerrar: lee tus diapositivas reales y redacta automáticamente la versión dividida y concreta de cada tarjeta, así que lo que habrían sido dos horas escribiendo se convierten en diez minutos corrigiendo las que se le fueron un poco. Tú sigues tomando las decisiones, simplemente no te pasas la tarde tecleando.
Si partes de diapositivas de clase en vez de un mazo en blanco, también hemos escrito sobre la forma más rápida de convertir diapositivas en un primer borrador de tarjetas, que después merece la pena pulir con las reglas de arriba.
Resumiendo
Una tarjeta es mala si pone a prueba el reconocimiento en vez del recuerdo, si se puede responder por la forma de la pregunta y no por el contenido, o si la respuesta es demasiado larga para comparar con honestidad. Divide los datos grandes en pequeños, escribe preguntas concretas, y mantén las respuestas lo bastante cortas como para que no puedas engañarte a ti mismo.